Las jerarquías basadas en la dominancia están ampliamente extendidas entre las especies sociales. Cuando nos referimos a jerarquía normalmente pensamos en líderes despóticos que no dudan en castigar al mínimo atisbo de insubordinación. Aunque no siempre es así, ya que existen distintas maneras de ejercer este rol en el grupo.

Aunque parezca contradictorio, las jerarquías tienen como función reducir las agresiones y los daños físicos dentro del grupo, al hacer más predecible el comportamiento del resto de individuos y el resultado de posibles agresiones y amenazas. Si sabes que te enfrentas a un individuo que tiene una gran fuerza, asusta solo con verle y que además cuenta con el apoyo de buena parte del grupo, será lógico que pienses: “mejor me quedo quietecito/a”. Este tipo de organizaciones sociales son comunes en las especies gregarias, en las que la competencia por los recursos – como el acceso a una parejas reproductoras o a la comida – podrían desembocar en graves conflictos y agresiones. 

Este es el caso de los macacos japoneses. Esta especie está organizada en una estructura de dominancia matrilineal basadas en dos reglas principales: 1) las hembras adultas están por debajo, pero cerca, del rango de sus madres y 2) las hembras adultas ocupan una posición superior a la de sus hermanas mayores. Esto no es debido a rasgos genéticos heredados de la madre que le permita tener un alto rango en la sociedad macaco, principalmente, es debido al apoyo que reciben de sus madres y otros familiares. 

En pruebas experimentales se ha observado que los comportamientos englobados en la categoría de dominancia ocurren con más frecuencia cuando los macacos están en presencia de sus madres y hermanas. En caso de que los familiares se retiren del grupo, estas conductas disminuyen ampliamente. Este tipo de estudios nos muestran cómo la posición en la jerarquía depende mucho de los apoyos que tengan de otros individuos, principalmente parientes en el caso de los macacos. Importa menos el quién, y más el con quién. Por muy imponente y fuerte que seas, necesitas una buena cuadrilla para hacerte respetar en un grupo complejo de primates. Por ello, las macacas dominantes, además de amedrentar a los subordinados, deben ganarse el favor de otras hembras del grupo para seguir en su posición de liderazgo. 

Un estudio llevado a cabo con macacos alojados en el Zoo de Gramby, en Canadá, analizó los cambios de jerarquía que tuvieron lugar en el grupo social durante el periodo de socialización previo a la formación de un grupo más numeroso. Los autores querían ver si sus posiciones sociales se podían explicar únicamente por los apoyos sociales (como comentábamos antes), o si también la edad de los individuos jugaba un papel importante. Antes de la socialización contaban con dos grupos (A y B) de siete individuos cada uno. El objetivo era seleccionar 5 individuos de cada grupo y formar uno de 10, el Grupo AB. Las observaciones comportamentales se focalizaron en las conductas agonísticas, aquellas relacionadas con conflictos sociales.  

Una de las primeras cosas que podemos resaltar de los resultados es que no se mantuvo la estructura jerárquica previa que había en A y B, sino que al formar el grupo AB las relaciones entre los individuos cambió bastante. Esto ya nos da pistas de que cuando cambiamos animales en un grupo social, las estrategias de alianzas cambian y con ella la estructura de la red social. También nos informa de que la edad, u otras cualidades físicas, no tienen tanto peso, ya que de ser así se habría mantenido el orden jerárquico, aunque con más individuos. Lo más sorprendente de esta socialización ocurrió a mitad de su proceso. Pasado un mes y medio, comenzaron una serie de conflictos sociales que cambiaron el mapa de poder del grupo. Iodine, quien fuera el macaco de rango más bajo del grupo B, junto con Magia (penúltimo puesto en el grupo A) ascendieron rápidamente al primer puesto y segundo respectivamente en el grupo AB. Debido a este duro golpe, Madjae y Shiwa, quienes se habían hecho con el control del recién nacido grupo AB, cayeron hasta niveles medios de la jerarquía.   

Los cambios de jerarquías tan bruscos provocan periodos de gran inestabilidad social, con mayores índices de agresiones graves, estimuladas por un aumento del estrés social. En este caso, este estrés fue producido por la decisión de crear un grupo de mayor tamaño. A la hora de tomar estas decisiones tan trascendentales para el bienestar físico y social como estas, se deben tener en cuenta estos riesgos y los posibles beneficios a medio plazo para la calidad de vida de los animales.  

 

Referencias:

Anderson, E. J., Weladji, R. B., & Paré, P. (2016). Changes in the dominance hierarchy of captive female Japanese macaques as a consequence of merging two previously established groups. Zoo biology, 35(6), 505-512.